Fuimos algo, bueno “casi algo”, tal vez “casi nada”, no, estoy muy seguro de que fuiste mi “casi todo”. Creo que siempre hiciste lo que sentías y te mantuviste congruente con lo que querías, no mentiste, siempre fuiste honesta. Recuerdo como expusiste tu situación emocional, con algunos de tus miedos y como veías el compromiso en tu situación actual. Hice lo mismo, prácticamente coincidí en la mayoría, pero no me di cuenta de que muy en el fondo estaba cruzando mis dedos para que en una parte de lo que se avecinaba poder tener algo formal, de verdad no me di cuenta, intenté no tener expectativas, pero no resultó, aun así, agradezco mucho tu honestidad, nunca me prometiste nada.
Cada día y momento que pasábamos juntos me sentía en confianza con las risas, bailes y esas conversaciones profundas, esa nueva música que me compartiste, lo estaba disfrutando todo. De pronto fue inevitable, ya quería besarte, creo que tardé en dar ese paso, pero disfruté esa correspondencia, valió la pena.
Me invitaste a tu espacio a tu lugar seguro con los que amas, me sentía impactado, pero en confianza, emocionado, quería hacer bromas con los términos «mi suegra», «mis cuñis», ¡pero un momento!, no querías nada serio o más bien esa etiqueta ese título, estaba confundido, pero no dije nada y preferí el enamoramiento.
No voy a negar que me costó ser cariñoso, reaccionar a tus abrazos al cuchareo a acariciarte más seguido, reconozco que esa frialdad te causo dolor y estrés, lo siento mucho, aun así, no miento al afirmar que era imposible resistirme a tus encantos, a tus besos, a tu mirada, a tu inteligencia, a tu sentido del humor.
Me enseñaste lo importante que es la comunicación, a hablar de mis sentimientos a compartir lo que no nos gusta, a hablar de lo negativo y que no todo es color de rosa. Aprendí de ti a ser uno mismo, con defectos y virtudes, aprendí a que querer de una forma distinta, con responsabilidad y sin prejuicios, no solo con el corazón también con la sensatez y prudencia.
Medité a donde iba esa relación, a donde me gustaría que se tornara pues con la felicidad y estabilidad por la que estábamos pasando creí que formalizar era algo que, aunque no lo dijeras, tus acciones parecían que correspondían con ese camino, pero esa suposición era un error, asumir que habías cambiado de opinión, recuerdo tu cara al escuchar mi propuesta, me descompuse completamente, pero reaccioné rápido y me conformé con seguir pensando en lo mismo, “es una etiqueta es un título, no es importante”, quiero seguir contigo, no le di más vueltas y de verdad seguí contento disfrutando nuestro momento.
Pero ¿Qué pasa una semana después o dos tal vez?, después de la euforia, después de meditar un poco más en esa reacción, en esas palabras, ¿Estuve mal? ¿Lo dije mal?
No entendí, quería volver a preguntarte sobre el tema, pero tuve miedo, tuve miedo de que me dijeras que no me querías, que no sentías lo mismo. Sabía que tenía que platicarlo contigo, quería ser honesto, pero tenía pena, me sentí inseguro, todas las peores posibilidades estaban en mi cabeza, no pude reaccionar con todo lo que sentía en mi interior y me enojé mucho contigo, no quería verte ni hablarte, mi razonamiento se nubló y comencé a pensar en tonterías, «creo que le gusta otro» «se enfadó de mi».
Me dolió decirte mentiras para no seguir viéndote, me dolió no hablarte con la claridad que tú me enseñaste, me dolió salir por esa puerta sin ti.
¿Después de tanto tiempo lo superé? No, no te solté, te volví a buscar ¿Cuantas veces más necesito que me lo digas? No lo sé, tu postura se mantuvo, lo tenías muy claro, pero ¿Por qué me sigues hablando? ¿No te molesta que de repente vuelva a sacar el tema de regresar? ¿Por qué no evitas mi toxicidad?
He pasado mucho tiempo disponible para ti, cualquier mensaje, cualquier día, ahí estoy para ti, alimentando esa «amistad» alimentando una falsa esperanza, pero a quien quiero engañar diciendo que puedo ser tu amigo, reconozco que lo intenté, pero ¿Acaso debo conformarme con eso? No me mal intérpretes, sabes a que me refiero. No puedo ser amigo de alguien con quien quiero despertar todos los días, de alguien a quien incluí en mi futuro, de alguien que me provoca un inmenso deseo, unas increíbles ganas de besar, de estar abrazados sin causa alguna.
He sido muy hábil y tonto al ignorar la terapia, por supuesto que me doy cuenta de que debo hacer, sé que decisión debo tomar, pero saliendo de ese espacio no me importa pensarte, escribirte, no me importa molestarte, en mi mente hay viajes contigo, hay desayunos compartidos, no pienso en las consecuencias y al parecer no me quiero ni me respeto a mí mismo.
He soñado que sales con alguien, que ya tienes una relación, he ideado ese plan en mi cabeza, «según yo» siendo la única manera en que pudiera ya no verte ni hablarte, ese plan en el que me corroen los celos estúpidos, donde estoy enojado porque estas siguiendo con tu vida y con todo el dolor de mi razonamiento te bloqueo, sé que puede ser contradictorio, por un lado, te quiero mucho y por otro lado no quiero verte más.

